Publicado en Comunidad intersexual, Experiencia personal, Redes sociales, Visibilidad intersex

La importancia del apoyo mutuo y las redes sociales

Cuando en febrero del 2016 contacté por primera vez con Brújula Intersexual, poco sabía de lo mucho que en el curso de un año mi vida se transformaría gracias a la interacción que tendría con la comunidad intersexual que se había conformado en torno al proyecto.  No intuía que encontraría amistad, apoyo de mis pares, alianzas; menos aún, que encontraría el tierno afecto de una pareja.

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No paro de recalcar un rasgo que las personas intersex compartimos cuando nos lanzamos a indagar sobre nuestro pasado: que estamos terriblemente solxs. La falta de visibilidad de la intersexualidad es sinónimo de aislamiento, lo mismo que el estigma es sinónimo de silencio. ¿A dónde acudimos cuando, sabiéndonos distintos, nos está vedado hablar de forma abierta lo que vivimos, lo que sentimos, lo que hemos atravesado? Son muy pocos los amigos (los de verdad) con los que se puede abordar lo que nos pasa por la mente. La familia casi nunca cumple ese propósito, porque padres y hermanos también guardan silencio y comparten la vergüenza del estigma. En el mejor de los casos, se cuenta con un apoyo tácito y un respaldo de cariño; en el peor, la familia resulta tan nociva como el resto de la sociedad.

Contactar a una persona intersex, o a un grupo como el que Brújula se ha erigido, tampoco resulta tan simple como parece. La necesidad de averiguar sobre unx mismx, de conocer las historias de otras personas, de sentirse identificadx es natural, pero de ahí a atreverse a enviar un simple saludo hay un gran salto. El común denominador es la inseguridad, el miedo a ser juzgadx que proviene del rechazo y de una autoestima socavada tras años de sentir que hay algo malo con unx. Que es unx quien nació mal, que es unx el error, que es unx la patología. Abrirse, entablar un vínculo de confianza, puede resultar aterrador según la persona. Hay quienes con más valentía se arrojan y encuentran de inmediato esa calidez en la recepción de una comunidad que, aunque pequeña, es receptiva. No es pequeña porque seamos pocxs; es pequeña precisamente por esa falta de visibilidad que permita un acercamiento mayor. Cada vez se siente que esta invisibilidad va cambiando, que es un poquito menos que antes. Pero falta mucho.

La primera vez que contacté a Brújula fue en febrero del año pasado, lo dije ya; pero me tomó hasta junio para animarme a comunicarme vía chat con Laura Inter; otro más me costó juntar el valor para de hecho dejar que las barreras de la desconfianza comenzaran a caer. En noviembre conocí a Laura y a tres personas inter más. Fue la vez que decidí hablar en Conapred. ¡No es fácil pararse frente a un grupo de desconocidos y hablar de la experiencia propia! Pero ahí estábamos, cinco personas intersex dando nuestro testimonio de vida. Tener el apoyo mutuo ayuda a mantenerse de pie y continuar hablando.

Hago mención de todo esto porque recién hace tres semanas tuve oportunidad de acudir a una reunión que tuvo lugar en el sur de la Ciudad de México. En total éramos siete personas intersex. Pocas veces he sentido la camaradería espontánea que en esta ocasión surgió. Veníamos de realidades y contextos diferentes, pero el simple hecho de saber que no teníamos que ocultar nada sobre nuestro pasado, que podíamos hablar libremente de vivencias y experiencias, de la manera en que miramos el mundo, y hasta de encontrar muchos aspectos en común, todo eso contribuyó a generar una atmósfera de confianza única.

Gracias al surgimiento de Internet y las redes sociales es que los individuos de la casi invisible comunidad intersexual hemos podido conectarnos, poco a poco. Contar con una persona a la cual platicarle las cosas que vives, las que te preocupan, sobre todo porque sabes que esa persona entiende por lo que has vivido, es invaluable, inclusive si esa persona no está físicamente contigo. No es solo recurrir a un amigo; tampoco es como ir con un terapeuta. Es contar con un vínculo solidario, compasivo, que proviene no solo de imaginarse en los zapatos de la otra persona, sino de haber estado de hecho en ellos.

En lo personal, ha sido todo un viaje el haberme abierto a otras personas intersex como yo. Pero la retribución ha sido enorme, no solo por lo que he encontrado sino porque he descubierto que también yo cuento con algo valioso para dar. Y lo doy porque, como hace poco me lo dijo una persona intersex, lo que más nos ayuda es esa unión entre nosotrxs, ese apoyo mutuo. Creo, desde luego, que hay muchas cosas más que podemos hacer, como comunidad, como sociedad; pero el simple hecho de estar ahí para otrxs, y de que otrxs estén ahí para unx, es un paso gigantesco, es un acto de generosidad que resulta tan revolucionario como el activismo más acendrado.

Si eres una persona intersex en México (o en cualquier parte, que de nuevo esa es la belleza de estar en línea) que estás leyendo esta publicación, y quieres ponerte en contacto con otras personas como tú, sea porque tienes dudas, sea porque te sientes solx, no dudes en contactarme, o directo con Brújula Intersexual. Si a mi me cambió la vida, ¿por qué a ti no?

 

 

 

 

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Audio: Brújula Intersexual habla sobre “¿Qué significa ser intersexual?” en el programa de radio Sexópolis

El pasado miércoles 1 de marzo tuve la oportunidad, junto a Mara Toledo y Odette, persona intersex, de representar a Brújula Intersexual en el programa de radio Sexópolis de Paulina Millán, sexóloga y catedrática de la diversidad sexual, en una charla muy amena sobre distintos aspectos de la intersexualidad. Los invito a que escuchen el audio del programa.

Source: Audio: Brújula Intersexual habla sobre “¿Qué significa ser intersexual?” en el programa de radio Sexópolis

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La intersexualidad como identidad política

El pasado miércoles 8 de febrero tuve la fortuna de representar a Brújula Intersexual junto con Mara Toledo y dos compañerxs más del grupo en una mesa de trabajo llamada Identidades en disputa, abordando el tema “Intersexualidad: de la biología a la identidad”, en la Universidad de Londres, en la Ciudad de México. La audiencia fue conformada sobre todo por estudiantes de psicología, ya con algún conocimiento sobre temas de género, un aspecto que abona a su formación dado que se trata de futuros profesionales que en un momento dado también atenderán en su práctica clínica a personas LGBTQ+I, sino también profesionales del área de recursos humanos que velarán por la integración y el respeto a la diversidad en entornos laborales.

Uno de los aspecto que con mayores ansias espero de estos eventos es la ronda de preguntas y respuestas. Por lo general, las personas solo tienen dudas después de abordar el tema de la intersexualidad por primera vez; al comienzo de la presentación, Mara planteó la pregunta de cuántas personas habían escuchado el término “intersexual” (sin especificar si sabían qué significaba). Aproximadamente la mitad de la audiencia levantó la mano. Cuando preguntó cuántos habían escuchado el término “hermafrodita”, todxs lxs asistentes sin excepción levantaron la mano. La anécdota es significativa; mucha gente sigue desconociendo la mera existencia de la intersexualidad, pese a representar un porcentaje significativo de la población. Así que cuando surgen las preguntas, unx tiene que estar preparadx para cualquier cosa. Cuando existe tanto desconocimiento, se tiene por fuerza que ser indulgente. Sin embargo, las preguntas en general se destacaron por promover el debate. Una de ellas atrapó especialmente mi atención: ¿Qué tan cómodxs nos sentimos con ser etiquetados bajo una letra dentro del colectivo de la diversidad? Después de todo, ¿no somos todxs seres humanos? 

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El motivo de esta publicación es la respuesta a esa pregunta, en parte ensayada en una publicación previa. Considero que sí existe una identidad política que motiva la necesidad de que siga existiendo la etiqueta de la intersexualidad. En efecto, todxs somos seres humanos, y eso debería ser lo único que importara. Pero tal aseveración implicaría que hubiéramos al fin rebasado los límites que como sociedad nos imponemos al mirar las cosas de forma restrictiva y dogmática, sin reconocer la igualdad y en la práctica ser todo lo inclusivos y tolerantes con la diversidad humana como lo pregonamos en el discurso. Y no es el caso. La simple persistencia de intervenciones quirúrgicas y tratamientos médicos de normalización corporal a menores de edad intersex sin su consentimiento ni pleno conocimiento es el ejemplo más claro de lo difícil que le resulta a la sociedad aceptarnos tal y como hemos nacido. Ya por no hablar de la dificultad de tramitar un acta de nacimiento, dado el caso de no conceder a la voluntad de ciertos médicos, disfrazada en ocasiones de consejo bienintencionado; o de la discriminación que padecemos por nuestros rasgos físicos. O la dificultad de acceder a servicios médicos donde los profesionales de la salud estén sensibilizados sobre las variaciones de nuestros cuerpos, y actúen con torpeza e imprudencia, a veces deteriorando la de por sí baja autoestima que algunos de nosotrxs padecemos por todo el estigma social que nuestro cuerpo acarrea.  No: la intersexualidad como identidad política es necesaria para dar visibilidad a estos problemas y hacer notar que se trata de una asignatura pendiente de la sociedad, así como los problemas del resto de esas letras del colectivo LGBTQ+I, hasta que realmente no solo los temas de inclusión bajo la ley sean válidos jurídicamente sino también socialmente. O podríamos plantearlo de otra forma: hasta que de verdad ser intersex no represente un agravio para nadie, y que el respeto a la autonomía corporal sea tan natural como hoy lo es, por ejemplo, que una mujer vaya a votar.

Como lo dije previamente: la etiqueta de “intersexual” seguirá siendo necesaria hasta que llegue el día en que ya no tenga sentido especificar que alguno de nosotrxs lo es. Pero por lo pronto, es tan necesario como en su momento lo fue (y a veces lo sigue siendo) que las personas homosexuales alzaran la voz para defender su derecho a sentirse atraídos por personas de su mismo género, o las personas trans para defender su derecho a expresar mediante su cuerpo y/o su aspecto físico la identidad de género con la que se identificaban a sí mismxs. De la misma forma, cualquier persona intersexual puede serlo en el muy respetable anonimato de su vida íntima, sin tener que presentarse como tal. Pero para personas como yo, declarar públicamente que somos intersex representa un acto de denuncia de la deuda que la sociedad tiene con nosotrxs, tal y como lo destacó uno de los organizadores del evento al término de nuestra participación.

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Primum non nocere (o sobre lo irreversible)

A los padres de niñxs intersex que se debaten entre autorizar o no las intervenciones médicas sobre el cuerpo de sus hijxs.

Una de las mayores zozobras de muchos padres de niñxs intersex que se han decidido por autorizar las intervenciones médicas en el cuerpo de sus hijxs para alterar sus características sexuales, es el no saber qué ocurrirá a partir de ello. “¿Habremos tomado la decisión correcta?“. “¿Podríamos haber esperado un poco más?“. “¿Qué le diremos a la familia?“. Todas son preguntas que merodean por su cabeza sin cesar.

He leído comentarios en distintos foros en Internet (sobre todo grupos de apoyo en Facebook) donde hay padres que defienden a ultranza la decisión tomada, con una pasión que me hace pensar en alguien que siente culpa, pero que busca creerse que tomó la mejor decisión algo a base de repetirlo. Y lo planteo así, porque dentro de su argumento dicen saber que hay una gran probabilidad sus hijxs les echen en cara la decisión tomada en el futuro. Su defensa: que han actuado desde el amor.

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No digo que no sea cierto. Al menos la parte del amor la creo por completo. Pero, desde mi perspectiva, su argumento es una racionalización para evadir la realidad inobjetable de que, al haber permitido la práctica de cirugías sobre el cuerpo de sus hijxs, tienen la noción de haber permitido que se trastocara para siempre y de forma irreversible no solo la forma natural (y por demás saludable) de su cuerpo, sino la parte de la psique que se construye y se vive desde el cuerpo.

A veces me pregunto, ¿cuál es la mejor forma de acercarse a los padres? Luego pienso que no hay una forma única y que el mismo trozo de información que puede ser clave para que algunos digan no a las intervenciones, puede ser irrelevante para otros que sigan cerrados en sus miedos y ansiedades. Ya por no hablar de los prejuicios y la homofobia subyacente en las racionalizaciones con que justifican sus decisiones

Quisiera poner a consideración de los padres una reflexión: existe un principio médico que surge de una alocución latina comúnmente atribuida a Hipócrates.

Primum non nocere, es decir, Ante todo no hacer daño

Lxs activistas intersex a menudo nos vemos en la penosa necesidad de recordarle a los médicos que este principio implica repensar el efecto de sus acciones y decisiones en lo que toca al tema de los procedimientos de normalización de las variaciones en las características sexuales a que someten a menores de edad y personas intersex en general. Como ha quedado más que establecido no solo por nosotrxs como comunidad, sino desde el programa Libres e Iguales de las Naciones Unidas, “estos procedimientos, que suelen ser irreversibles, pueden producir esterilidad permanente, dolor, incontinencia, pérdida de la sensibilidad sexual y sufrimiento mental de por vida, incluida la depresión.” (Libres e Iguales, 2016, Ficha de datos: Intersex).

Aunque he escuchado de casos de terror donde los médicos llevan a cabo su práctica con una total falta de ética y de respeto a la dignidad de la persona, así como a los padres de familia de niñxs intersex, es mi creencia personal que una considerable mayoría de los médicos no obran ni aconsejan de mala fe, sino que se dejan llevar por prácticas heredadas por catedráticos y sus superiores en los hospitales. Dicho lo anterior, muchos de ellos no cuestionan en lo más mínimo el efecto dañino que los protocolos médicos tienen en el menor de edad cuyo cuerpo recomiendan normalizar (es decir, moldear sus características sexuales para que se asemejen a los de un cuerpo típicamente femenino o masculino). No tienen la menor idea del infierno en cuya ruta ponen a hijx, padres y familia.

Lo que intento es concientizar a los padres del papel vital que juegan desde el momento mismo del nacimiento de su hijx intersex: al decantarse por las cirugías, es decir la normalización del cuerpo de su hijx, suponen que se evitarán problemas, bochornos, estigmas, burlas, etcétera. Parece la opción fácil. Pero en realidad, es la opción más dolorosa de todas y la que más daño provoca. Basta leer cualquier testimonio de un adulto intersex para constatarlo. Seguir la recomendación clínica en ese sentido no lo más sensato, por más intransigente que sea la reacción del médico que atienda. Los padres tienen el deber de velar por la integridad de su hijx, y de hacer respetar el derecho a decidir sobre su cuerpo. También tienen un deber hacia su salud: condiciones conocidas como la Hiperplasia Suprarrenal Congénita (HSC, o CAH por sus siglas en inglés), asociada a la intersexualidad, puede en varios casos acarrear una pérdida de fluidos que debe ser atendida. Pero, aunque suene repetitivo, es importante como padres que aprendan a distinguir entre una urgencia médica y una confrontación con los prejuicios y las creencias tradicionales. La intersexualidad no es una enfermedad, sino una variación natural de las características sexuales. No hay por qué temerle.

Ante todo, no hacer daño. Algunos médicos hoy día son más conscientes y sensibles sobre la realidad de las personas intersex, y es posible que sean más informativos y respetuosos en vez de impositivos, como lo han sido en el pasado y muchos lo siguen siendo en el presente. Pero al final ustedes, padres de niñxs intersex a quienes me dirijo, son quienes juegan como el fiel de la balanza. Su responsabilidad no es para con la sociedad ni para con el médico: es para con la felicidad de su hijx. ¡Dense la oportunidad de descubrir quién es esa personita entre sus brazos! Y denle la oportunidad de descubrirse a si mismx. Superen juntxs miedos y prejuicios. Y exploren los infinitos alcances del amor.

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¿Identidad intersexual?

Una duda recurrente cuando hablamos de intersexualidad sigue siendo el qué es. De esto hemos hablado antes. Lo que me interesa ahora es que muchas personas creen que se trata de una identidad. Es decir, que unx como intersex se asume desde una identidad, así como una suerte de identidad de género u orientación sexual.

La respuesta corta es: no. La intersexualidad en su definición misma excluye la noción de identidad. La intersexualidad es un conjunto de variaciones del cuerpo asociadas a los marcadores biológicos típicos del sexo. En otras palabras: las características sexuales. A veces depende de la interpretación de “características sexuales” (muchos médicos sólo consideran las variaciones del aparato reproductor bajo este concepto; otros incluyen las variaciones de los cromosomas). Para más información al respecto, se puede consultar mi artículo previo, ¿Qué tan común es la intersexualidad?

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Bandera de la comunidad intersex, creada por OII Australia. Sobre ella dicen: “El círculo está entero y sin adornar, simboliza la totalidad y lo completo, así como nuestras posibilidades. Aún luchamos por la autonomía del cuerpo y la integridad genital, y esto simboliza el derecho a ser quienes queremos ser y en la forma en que queramos serlo.”

La respuesta larga: es complicado. La identidad de un individuo intersex se moldea de inicio bajo los mismos preceptos y prejuicios que la de cualquier otro individuo en la sociedad en la que ha nacido. Existen personas intersex en el mundo que asumen su intersexualidad como una identidad por una razón: nuestras variantes del cuerpo particulares definen en buena medida nuestra historia personal y nuestras vivencias. Pero esto es cierto también para cualquier persona en el mundo; por ejemplo, una persona que no distingue los colores verde y rojo percibe el mundo de una manera particular, como sucede también con personas con alguna discapacidad motora,  o con personas más sensibles emocionalmente y su reacción ante ciertos eventos. Cada persona desarrolla una identidad propia. Y así nos ocurre a las personas intersex.

Ahora, si la pregunta va en torno a la orientación sexual o identidad de género, la respuesta sigue siendo la misma: cualquier ser humano sobre la faz de la Tierra es capaz de desarrollar una identidad en función de la forma que toma su sexualidad y el género desde el que se identifica. En ese sentido, una persona intersex puede asumirse como hombre, mujer, gender-fluid, género no binario, etc… e identificarse como gay, lesbiana, bisexual, asexual, pansexual, incluso sin una orientación en específico.

Se puede decir que la identidad que una persona intersex puede desarrollar llega a ser tan rica y diversa como aquella a la que el ser humano en su generalidad aspira.

Y quizá esa flexibilidad, a veces dada desde la consciencia y a veces dada por circunstancias que uno no elige vivir, es lo que hace que el concepto de identidad intersexual resuene en la mente de muchas personas como una posibilidad. Sin embargo, yo sería cautelosa al afirmar que de hecho exista como tal, pues, como he dicho, es una construcción en el ser humano hecha desde la sociedad en que se ha nacido, y a partir de la historia personal de cada unx.

Al final, querer definir una “identidad intersexual” podría resultar tan genérico que estaríamos tratando de negar la misma diversidad humana en la que nos hallamos inmersxs.

Publicado en Estadísticas, ONU, Visibilidad intersex

¿Qué tan común es la intersexualidad?

La ficha de las Naciones Unidas nos dice un dato, el cual se ha vuelto referencia habitual de años para acá. Se habla de entre un 0.05% y un 1.7% de la población. Partiendo del dato de que en el mundo existen seis mil quinientos (6,500) millones de personas (cifra aproximada), tenemos que existen al menos tres (3) millones de seres humanos que nacen con rasgos intersex, pero la cifra se elevaría hasta los ciento diez (110) millones de personas intersex en el planeta Tierra. (En México, suponiendo una población total de 110 millones de habitantes, tendríamos un rango de entre al menos 55,000 y hasta 1,870,000 personas intersex)

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En lo personal, algo me pareció raro cuando noté la brecha tan grande entre ambos números. Si se tratara de un típico dato estadístico, el rango de valores debería ser más cerrado. ¿Por qué es diferente este caso?

Al pie de la letra, la ficha dice:

Según expertos, entre un 0,05% y un 1,7% de la población nace con rasgos intersex; el porcentaje que representa el umbral superior es similar al número de personas pelirrojas.

Según expertos. Las cifras distan de estar basadas en censos o muestreos estadísticos duros. Surge la pregunta: ¿quiénes son los expertos en este caso?

En la página de preguntas y respuestas del sitio de la Sociedad Norteamericana Intersex (ISNA, por sus siglas en inglés), existe un rubro donde, de forma explícita, se inquiere sobre la frecuencia de la intersexualidad. La página ya es antigua, y como la ISNA ha dejado de operar desde 2006, el contenido no ha sido actualizado (aparte de que la última actualización promueve la nomenclatura de “Trastornos del Desarrollo Sexual” o DSD, por sus siglas en inglés). Pero trasladando los conceptos que ahí se encuentran al lenguaje actual, sus argumentos siguen siendo válidos para este ejercicio. ¿A qué nos referimos por intersexualidad? ¿Se cuentan solo los individuos cuyos genitales no se corresponden visualmente con las nociones binarias del sexo biológico? ¿Qué sucede con rasgos imperceptibles al nacer? ¿Y qué pasa con otros rasgos como los cromosomas? De acuerdo con ISNA, expertos de centros médicos (es decir, especialistas, como urólogos y endocrinólogos pediatras) reportaban un estimado de un recién nacido intersex en cada 1,500 o cada 2,000 nacimientos; esto es, entre un 0.05% y un 0.06% de la población. Hasta aquí, todo parece coincidir. Pero el dato interesante es que dichos especialistas solo se referían a los recién nacidos que presentaban genitales que no coincidían con la noción binaria del sexo, la mayoría de los cuales eran sometidos a intervenciones médicas sin consentimiento de los individuos afectados.

La cosa se vuelve difusa al intentar averiguar cómo se llega al 1.7%. Debido al mismo problema de que no existe un censo propiamente, muchos médicos y académicos han tratado de extrapolar cifras de la frecuencia de diagnósticos de intersexualidad a partir de datos a nivel internacional. Los resultados obtenidos por Blackwell et al en 2001 y por  Grumbach, Conte y Hughes en 2003 resultan relevantes en el sentido de que:

Los autores concluyen que la presencia de todos los casos de “desarrollo sexual no dimorfo” llegan a contabilizar hasta por el 1.7% de todos los recién nacidos con vida y que grosso modo el mismo porcentaje de la población llega a ser sometido a cirugía genital (citado por K. Karkazis en Fixing Sex, 2008, Duke University Press)

Lo relevante de este estudio es que contempla absolutamente todos los casos donde los caracteres sexuales no encajan en la noción típica de sexo, abarcando todos los aspectos del cuerpo y no solo el fenotipo.

De acuerdo con Katrina Karkazis, esta cifra ha sido altamente disputada por algunos, como el médico y psicólogo Leonard Sax, quien rebate que sólo debieran restringirse en dicho conteo los casos donde fenotipo no es claramente ni masculino ni femenino, o donde el cariotipo sea inconsistente con el fenotipo. Su principal argumento es que los cinco diagnósticos más comunes, a saber: Hiperplasia Suprarrenal Congénita por deficiencia de 21-hidroxilasa, Agenesia vaginal, los síndromes de Turner y Klinefelter, y otros casos donde los cariotipos son distintos de XX y XY, al presentar muy raramente “ambigüedad genital” (según sus propias palabra), no deberían considerarse intersexuales. Y su conclusión es que sólo uno de cada 5,000 recién nacidos vivos presentan “genitales ambiguos”. En lo personal, este último argumento me resulta  chocante, ya que sólo considera el aspecto genital como características sexuales, pasando por alto las gónadas y el cariotipo.

Karkazis también cita a Heino Mayer-Bahlburg, psicólogo alemán especializado en temas de intersexualidad y, en sus palabras “un médico e investigador muy respetado”. Mayer-Bahlburg también alude a que prácticamente el 87% de los individuos incluidos dentro del 1.7 de cada 100 recién nacidos son personas con diagnósticos de HSC por 21-hidroxilasa y síndromes de Turner y Klinefelter, quienes raramente nacen con genitales fuera de la noción binaria del sexo, y que si se los descuenta, nos quedamos con una cifra de una persona por cada 1,000 nacimientos, es decir, un 0.1% de la población (porcentaje todavía por arriba de la cota mínima citada por la ficha de la UNFE, y que representaría, según se estableció en el primer párrafo, a 6 millones 500 mil personas a nivel mundial). Pero de nueva cuenta, caemos en el vicio de reducirlo todo al fenotipo y a los rasgos sexuales primarios.

La necesidad de saber qué tan común es la intersexualidad no surge del ocio. Nace de una necesidad más profunda, de saber que, aunque somos invisibles todavía, no somos fenómenos de feria ni criaturas mitológicas, como ciertos términos médicos nos han proyectado ante la sociedad. Y sobre todo, alimenta la certeza de que no somos pocos, que existimos y somos más de los que pensábamos.

Incluso en los cálculos más conservadores (Según Sax, el porcentaje caería hasta el 0.02%, representando así a un estimado nada despreciable de 1.3 millones de personas intersex en el mundo, más o menos lo mismo que el total de los habitantes de Estonia o de Trinidad y Tobago), podemos decir con certeza que la intersexualidad no es en absoluto infrecuente, y que no debería ser considerada anómala, ni saltar la conclusión (hecha por Sax y citado por Karkazis) de que la sexualidad humana es binaria y no un continuum como muchos hemos venido insistiendo.

La realidad es que carecemos de información precisa para afirmar qué tan común es la intersexualidad en el mundo. Todo lo que tenemos son estimaciones. Un censo sería sensacional, pero irreal dado el estigma que prevalece y el silencio y la falta de visibilidad. Una proyección estadística basada en un muestreo también podría servir, pero, ¿cuántos de nosotrxs estaríamos realmente dispuestxs a prestarnos a tal ejercicio?

Al final, podemos concluir que las personas intersex solo somos personas, dignas de ser tratadas como tal, y de aspirar, como el resto de los seres humanos, a una vida realizada y feliz, plena y productiva, respetuosos de la diversidad del género humano.